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BOQUERÓN: RESONÓ EN DOS GUERRAS, LA DE LA TRIPLE ALIANZA Y DEL CHACO

La memorable batalla de Boquerón que resonó en dos guerras, la del Chaco y de la Triple Alianza, es recordada en Asunción con la denominación de una calle por la Ordenanza 529 de la Junta Municipal del año 1941. La calle es la primera al Oeste de la avenida Saltos del Guairá. Se inicia al Norte en la calle Misiones y se extiende al Sur hasta la calle Río de Janeiro, primera paralela a la avenida Mariscal López en los barrios San Roque y San Blas.

Se llama “boquerón” al espacio libre entre islas de árboles. En ambas batallas los “boquerones” fueron los callejones de la muerte que impusieron las dos guerras internacionales al Paraguay.

En Boquerón del Sauce, Ñeembucú, se combatió del 16 al 18 de julio de 1866.

En el Chaco, Boquerón fue un fortín paraguayo arrebatado por los bolivianos el 14 de diciembre de 1928, devuelto al Paraguay el 23 de julio de 1930 y recapturado por los bolivianos en 1932.

Retomar Boquerón significaba demostrar a los neutrales y a los demás países de América que Paraguay tenía capacidad militar. Significaba dar satisfacción a la opinión pública y al ejército.

Paraguay inició la recuperación de Boquerón el 9 de septiembre de 1932. Fueron veintiún días que marcaron el comienzo de la Guerra del Chaco. Después del triunfo del 29 de septiembre, los prisioneros bolivianos fueron conducidos primero a Isla Po’i y luego a Asunción.

El comandante boliviano general Manuel Marzana contó en sus memorias el capítulo sobre Asunción, que demuestra el carácter noble de los paraguayos.

“Rutilantes luces que se copian en las tranquilas ondas del Río Paraguay, dibujan las formas de una ciudad desparramada en anfiteatro. La cañonera Humaitá entra en el Puerto de Asunción, trae a bordo a los prisioneros de Boquerón. Abigarrada muchedumbre aguardaba en los muelles. Los silbidos anuncian la hostilidad colectiva, cólera y el odio que concitamos en veintitrés días en que colmamos los cementerios y hospitales del Paraguay.

Marzana, diez barbudos y rengueantes oficiales y doscientos soldados son empujados a tierra; pero no somos seres humanos, sino espectros, cadáveres arrastrándose. Las camisas hechas girones. Los pantalones acortados hasta el ridículo. ¡Ridículo magnífico!. Ninguno puede mantenerse en pie. La debilidad física vence a la altivez.

La multitud dispuesta al ultraje, se paraliza, vacila. Ha cambiado en segundos la faz de su indignación… Un grueso velo de lágrimas empañan las pupilas de hombres y mujeres. Los prisioneros de Boquerón son piltrafas humanas a las cuales un niño no haría daño. El pueblo paraguayo, hidalgo, no articula un reproche. El estupor y la consternación estrujan las gargantas,

Un mitai (niño) descubre a nuestro jefe y grita.

!Bravo Marzana!

Es la señal. La multitud rompe las filas… Unos ofrecen agua. Otros cigarrillos y chipas (pan de mandioca) Las mujeres preguntan por nuestras madres, quieren saber si tenemos hijos… Idiotizados, maltrechos, malheridos soñolientos no atinamos a responder. Dormir, dormir es lo que anhelamos. Ojalá nos fuera dado dormir para siempre”.

 

Redacción: Evanhy de Gallegos.

Edición y Publicación: Christopher Fiddes.

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